Idiotas

No te culpes por confiar demasiado, me digo y me sigo diciendo. No te culpes por dar demasiado, no te culpes por intentar ayudar, no te culpes. Pero algo de culpa debo de tener ¿no es así?

Supongo que todos topamos con personas a las que consideramos amigos y que luego demuestran no serlo; de algunos puedes guardar recuerdos increíbles, a algunos puedes desear volver a verlos, de otros esperas que mejores, les deseas lo mejor, quieres verlos curados, quieres verlos bien, aunque eso no pueda ser contigo (porque a veces simplemente no puede ser así).

Otros, en cambio, son idiotas, simplemente, idiotas.

Y puede que yo lo sea, por confiar, puede que me abra demasiado, pero creo que si todos lo hiciéramos un poco más, si todos fuéramos lo suficientemente valientes como para decir la verdad, incluso cuando estamos más asustados, lo suficientemente humildes como para pedir ayuda, como para desnudarnos realmente ante una persona, mostrándoles como realmente somos, sin miedo, tal vez el mundo iría mejor.

La indiferencia siempre me ha parecido lo peor. Perder a una persona tras intentarlo muchísimo, tras luchar, ambos, tras echaros las garras el uno al otro para que la marea no os separe, aunque por ello os dejéis cicatrices, me parece mejor que ‘perder’ a alguien porque simplemente deja de hablarte, porque puede pasar por tu lado sin saludar.

Cuando te vas y nadie intenta detenerte, sabes que has hecho bien en irte.

Sí, perdí a una persona importante para mí, pero luchamos para impedirlo. De eso no puedo arrepentirme, lo siento. Me arrepiento de haberme abierto a idiotas. Pero me alegro hoy, porque no pienso ser nunca más víctima de su indiferencia.

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Héroes

Las personas nos dejan continuamente.

Nuestras vidas son líneas muy complejas que se cruzan las unas con las otras todos los días; a veces permanecemos con alguien mucho tiempo, a veces les perdemos en seguida. A veces no podemos escoger si dejar ir o luchar; en otras ocasiones, en cambio, tenemos el poder de cambiar las cosas. Pero nuestras vidas no son líneas en un vacío, sino en un lienzo gigantesco.

Tal vez la línea a la que seguíamos a entrado en un plano desconocido, que nos da miedo; y entonces decidimos no seguirle. Otras veces, la línea a la que seguimos decide volver atrás, o recorrer el cuadro entero, y nosotros aún no estamos preparados.

A veces la línea se corta, ya está; esa persona deja de existir.

En otras ocasiones, cambian de cuadro, saltan a la blanca pared del museo y nos toca decidir si saltar al vacío o quedarnos en nuestro lienzo.

A veces podemos decidir. A veces no.

Cuando ya ha sucedido; cuando la línea se ha roto, se ha cortado, ha desaparecido, se ha confundido con la del horizonte, tenemos otra decisión, una única, última decisión.

Podemos decidir recordarles como héroes, mejorar nuestros recuerdos, aferrarnos a lo bello, dispersar lo negativo en pequeñas motitas de pintura y disolverlas en el río del Tiempo; o podemos recordar todo lo más fielmente posible. O también podemos olvidar.

Tal vez es cobarde, querer recordar a los que ya no están como héroes, siendo que no lo eran.

Pero la humanidad siempre ha buscado, necesitado, ansiado creer en algo.

Y el arte me parece la más bonita de las religiones.