De porcelana a acero puro

Para M,

Érase una vez una chica de porcelana que vivía en una casa de algodón. Esa pequeña jaula a la que llamaba hogar estaba formada por todas aquellas cosas que le hacían sentir bien: libros, pinturas, mensajes que la animaban a seguir, música, y una ventana desde la que podía ver sin necesidad de levantarse las copas de los árboles, el cielo azul.

Apartados quedaban de su vista los edificios grises, las calles sucias, la transitada carretera repleta de coches viejos, cargados de gente cansada, descargando contaminación, ruido, y la terrible sensación de ir siempre corriendo de aquí para allá.

Ese pequeño paraíso era bello, pero era también una trampa.

La chica podría haberse quedado allí para siempre, viendo siempre la parte más bonita del Cielo, con las gaviotas yendo y viniendo desde la orilla del mar, el verdor de las hojas, el radiante amanecer, pero la belleza de ese espejismo no consiguió engañarla.

Cada día se levantaba, miraba sin prestar mucha atención sus libros, apartaba sus pinturas, leía de refilón esos mensajes positivos, y se llevaba algo de su música escaleras abajo, a ese mundo gris, sucio, transitado, cargado de gente cansada, lleno de ruido y que le daba la terrible sensación de ir siempre corriendo de aquí para allá.

Y así es como la chica de  porcelana se rompió mil veces, se quebró, se fundió, se hizo pedazos; y ella volvía a su casita de algodón y contemplaba su imagen rota en el espejo, y lloraba sola entre unos libros que cerrados no podían ayudarla, mensajes en los que ya no estaba segura de creer, música que ya no le agradaba.

Pero seguía levantándose, cada día, abandonando el paraíso para enfrentarse al mundo terrenal.

Y así es como la chica cambió, de porcelana a marfil a acero puro.

Anuncios

El amor nos hace libres

El amor nos hace libres y si no, no es amor.

Una aprende con los años a diferenciar entre lo que nos han enseñado que es el amor (dependencia, abnegación, entrega) y lo que realmente debería ser, pero es duro. Últimamente, en parte por el tema de mi TFG, pienso bastante en ello. En uno de los artículos que revisé, los investigadores encontraron que los adolescentes tenían unas muy fuertes creencias en los mitos del amor, pero no os equivoquéis, los adolescentes no son idiotas, no son así porque sí; y si tú alguna vez creíste en el amor de esa forma, tampoco puedes culparte.

Culpa a todos esos libros, películas y canciones que hablan de sacrificio, que plantean el amor como el único destino posible, que hablan del dolor como si fuera algo bonito, natural en una relación. Todos hemos creído en ello alguna vez y, por desgracia, algunos hemos actuado en consecuencia, haciéndonos daño a nosotros mismos y a la persona a la que creíamos estar queriendo ‘bien’.

Por supuesto, no soy quién para decir qué clase de amor es bueno, qué clase de amor es ‘malo’, solo puedo hablar de mi experiencia; pero quiero criticar un poco, sí ¿por qué no?

Porque nos han enseñado que la historia del chico del tranvía es bonita; nos han enseñado a esperar por amor, pasivamente; o a darlo todo por eso; nos han enseñado que amar es destruir, que quien bien te quiere te hará llorar, que los celos son algo común, normal, bonito; que el amor lo puede todo.

Y es normal que creyendo eso, habiendo sido criados en esas ideas, nos hagamos tanto daño. Nadie nos da pistas de nada, nadie nos explica la verdad. Y la verdad es que el amor es complicado; pero nuestra única referencia a los quince años son las películas, los libros que hemos leído, las canciones que escuchamos, y nos hacemos daño.

Por suerte, salvo Romeo y Julieta, se puede superar el amor romántico, se puede crecer, aprender de las experiencias, se puede entender que el amor no tiene nada que ver con ‘tener’, y que el amor no tiene por qué tener nada de egoísta.

Para mí, el amor es libertad. Amar y ser amado proporciona seguridad, bienestar, es tener a alguien a tu lado que igual se lanza contigo a la aventura, que igual salta contigo o que igual permanece donde está, o se sube a otro barco, o escoge otro camino; pero que siempre estará allí.

El amor no es pertenecerle a alguien, es viajar con alguien, y eso es todo lo que opino sobre el amor.