A los introvertidos

Para que los extrovertidos os hagáis una idea:

Lista de cosas que a los introvertidos nos parecen saltar al vacío

  • Hablar con un desconocido
  • Enseñar algo que has escrito, pintado, dibujado, creado, es decir, enseñar una pequeña parte de ti
  • Hablar por teléfono
  • Ir a un sitio por primera vez: primer día de clase, de prácticas, de trabajo, del curso de lectura, lo que sea
  • Bailar
  • Hablar en público
  • Cantar delante de alguien
  • Hablar con dependientes en según qué circunstancias
  • Una fiesta ya es como lanzarse por un acantilado

Y podría seguir, pero hacer una listar interminable no es mi intención. Mi intención es simplemente hacer reflexionar.

Existe mucha presión social, valga la redundancia, para ser ‘sociable’; está valorado y recompensado de mil formas. Se espera de ti que tengas muchos amigos, vayas a muchas fiestas y te guste hacer ese tipo de cosas más que leer un libro sentado en casa, junto a la ventana.

Muchos introvertidos, con tal de encajar, intentan esforzarse y hacer ese tipo de cosas a pesar de que, dependiendo del grado de introversión, les puedan generar ANSIEDAD. Y no, no es una exageración. Si aceptas que, tal y como has nacido con el cabello castaño, has nacido introvertido y ese tipo de cosas no te van, el rechazo social puede ser muy grande, y hacer que te sientas menos válido, inadaptado, un bicho raro, alguien a quien le pasa algo malo.

Y no es así.

Hay muchos introvertidos que se levantan cada mañana y llevan a cabo su propia lucha personal contra sí mismos y contra el mundo para salir ahí fuera y hacer cosas que les dan miedo, y lidian con la preocupación del ‘qué dirán’, ‘qué pensarán de mí’; y esos actos de valentía son silenciados, nadie que no sea también introvertido parece percibirlos o valorarlos.

Cuando hablo de saltar al vacío, me refiero literalmente a eso; una sensación de irrealidad, como si flotaras, como si cayeras en paracaídas. Y, no me malinterpretéis, hay cosas que, tal y como saltar en paracaídas, nos dan miedo, pero queremos hacerlas, nos gusta hacerlas.

Este post no es para cambiar mentalidades, sé que eso es muy difícil; solo pretendo pedir un poco de comprensión.

Generalmente, los niños o niñas ya son introvertidos o introvertidas de muy peques; y forzar a un niño o niña introvertido o introvertida a hacer algo que a uno extrovertido le resulta fácil puede que le parezca que le estáis empujando desde lo alto de un precipicio. Así que sed observadores ¡audaces! Fijaos, escuchad, sed comprensivos; porque mostrando apoyo podéis facilitarles mucho las cosas.

Nada de presión, comprensión a tope y apoyo y ánimos porque esas pequeñas personitas están librando batallas que nadie puede imaginar.

¡Mucho ánimo a todos los introvertidos! ¡No estáis solos! ¡Seguid luchando porque merece la pena!

Anuncios

Wonder Woman

Ayer vi la esperada película de Diana Prince, una heroína cuyos toques de inocencia y cuya valentía me inspiraron enormemente. Pero esto no es una crítica a la película, ni una recomendación, es una pequeña reflexión sobre le mensaje que transmite.

Porque sin saberlo, Wonder Woman respondió a una pregunta que yo llevaba un tiempo haciéndome, pero que no era capaz de formular ¿por qué?

Cuando llegué a Barcelona, me bastaba con un paseo por el parque para recuperar la fe en la humanidad, la motivación en mi carrera. Terminara o no siendo policía, mi intención era, es, y ha sido desde hace ya un tiempo ayudar a los demás; y pasear por el parque, repleto de almas disfrutando del verde en medio de edificios de ladrillo y cristal era suficiente motivación para mí.

Pensaba, por desanimada que estuviera: tienes que seguir adelante, para poder aportar un granito de arena a que el mundo sea un lugar seguro, para que este pedacito de cielo siga existiendo, para que estas personas sigan siendo así de felices.

Pero aquella era una visión simplista e inocente de la realidad, y resulta que, cuando uno está deprimido, se fija mucho más en los detalles tristes. En segundo de carrera, el parque ya no me bastaba. Porque ¿qué pasaba con la gente que no tenía un lugar donde dormir? ¿que no tenían qué comer? ¿que no podían llegar a un país seguro huyendo de una guerra que ellos no habían provocado? ¿y qué pasaba con todos aquellos que no podían disfrutar de ese pequeño paraíso porque sus contratos no se lo permitían, porque sus obligaciones los ataban?

¿Era aquel mundo el que yo pretendía salvar, el que pretendía ayudar a mantener formándome para pasar a ser parte de una estructura que no parece avanzar hacia una meta clara?

Y no había sabido responder. Pensaba: no, no quiero salvarlo, quiero cambiarlo, pero ahora he alcanzado un punto de equilibrio: quiero que el mundo sea un lugar mejor mientras yo, y todos los incomprendidos, luchamos para cambiarlo, pero, como transmiten Steve y Diana en la película, no porque todos lo merezcan: sino porque es aquello en lo que yo creo.