La tele enseña machismo a nuestro cerebro

‘Una de las grandes epifanías de mi vida fue descubrir que odiaba a tantos personajes femeninos porque estaban creados por hombres que odiaban a las mujeres’ –Rainbow Rowell

Esta frase me sigue pareciendo SÚPER importante, entre otra cosas, de la experiencia se aprende, porque a mí me ha pasado durante mucho tiempo. De hecho, desde que era una cría y, cuando jugábamos a según qué dibujos animados o películas, quería escoger el papel de personaje masculino, simplemente porque de esa forma, podía jugar en lugar de quedarme sentada en un banco esperando a ser salvada.

Si los personajes de libros, series o películas con los que podemos identificarnos porque tienen valores que admiramos (valentía, trabajo duro, heroicidad, perseverancia) son siempre masculinos, inconscientemente (implícitamente, tal y como se aprende a ir en bici o a conducir, es decir, sin darnos cuenta, sin que pase por la parte ‘consciente’ de nuestro cerebro) aprendemos que esos valores son propios de los hombres, y que estos otros son de las mujeres: saber esperar, saber escuchar, ser sensibles con los niños, con los mayores, sacrificarse por amor, morir de pena por el ser amado…

Porque aunque, como hacemos muchas, sí, podamos identificarnos con el chico de la historia, estaremos aprendiendo que eso que nos gusta es ‘propio’ de chicos, y estaremos aprendiendo cosas bastante feas sobre nuestro género: aprenderemos que somos débiles, o que lo único que realmente importante de nosotras es encajar en un canon de belleza, o que nuestra única fortaleza es ser el salvavidas emocional del protagonista masculino, profundo y generalmente, muy hombre y esas cosas.

Y no solo aprendemos MIERDA sobre el amor, sino que aprendemos mierda sobre lo que somos nosotras, de ahí que muchas niñas (entre las que incluyo a mí yo infantil) rechacen todo aquello que les haga pensar en lo femenino: el color rosa, los vestidos, el ballet, la danza, jugar con muñecos… creyendo que aquello es ‘inferior’, y que lo verdaderamente importante son los coches de carreras, los muñecos de acción y el fútbol, porque son cosas propias de chicos, a las que se les atribuyen valores mucho más potentes.

En cuanto a lo del cerebro, el aprendizaje implícito es mucho más peligroso de lo que nos creemos, por lo mismo que he dicho antes: no pasa por la parte consciente de nuestra mente.

Por ejemplo, si a ti te dicen: ‘las mujeres solo sabéis estar en casa esperando al marido’, así, de sopetón, a la cara, sin filtro. Tú, mujer o ser consciente que escuchas semejante idiotez, reaccionarás diciendo: ‘no, yo no me creo eso’.

En cambio, si ves 300 películas y series dónde el único papel de la mujer es ser ‘la novia de’ o ‘la madre de’, tu cerebro procesará eso sin que tu mente consciente tenga tiempo de decir: ‘¡eh, alto, esta idea yo no me la creo!’ y la sumará a su lista de ‘ideas sobre la mujer’ que luego, ¡sorpresa! condicionarán su forma de actuar y de pensar; y harán que, al ver a una mujer que no hace las tareas de casa para cuando su marido llega cansado del trabajo, pienses: ¡que mala mujer es!

Pero bueno, no es que nuestro cerebro sea maligno, de veras. Lo que pasa es que nos produce estos sesgos porque es un mecanismo innato de ‘ahorro’. Todo lo que podamos aprender sin tener que reflexionar mucho en ello: pelar patatas, andar, ver la TV, montar en patinete o que las mujeres son así y los hombres asá y los asiáticos de este modo y los rusos de este otro, es tiempo que nuestro cerebro usa para pensar en otras cosas. Pero ya dejo la parte bio, lo prometo.

Lo que quiero decir es que la representación cultural es muy importante. Por eso, aunque al parecer a muchos les parezca ridículo, o les parezca que la gente lo hace para cumplir una cuota en pantalla, es VITAL que haya protagonistas femeninas que sean fuertes, y que dejen de ser complementos del protagonista masculino.

Y no, ¡sorpresa! ser fuerte no se limita a saber dar patadas y puñetazos.

Así que sí, es importante que las mujeres estemos, moleste a quién moleste, bien representadas en películas, series, videojuegos y libros, y no me meto con la música pero ya lo haré en otra ocasión.

Porque es necesario que cuando las niñas (tengan, por cierto, el color de piel que tengan) vean una serie en la televisión en ese ratito antes de la merienda, lo hagan encontrado personajes que las muestren como son: valientes, heroicas, perseverantes, aventureras, y no que les enseñe, implícitamente, que está bien que un niño les tire de las trenzas, que son unas plastas por querer vivir las mismas aventuras que los chicos, o que está mal que les gusten el rosa y la purpurina.

Así que, de nuevo, sí, es importante que si llevas a tus hijos a ver Star Wars ambos salgan con un referente, con un ideal, que anhelen ser tan fuertes o valientes o inteligentes como un personaje que les represente.

Y ¿así? Lo mismo con todas las nacionalidades, todos los colores de piel, todos los tipos de belleza, todos los géneros, todas las orientaciones sexuales y toda la diversidad funcional que hay en el mundo.

Hay mucho, como veis, MUCHO trabajo por delante, pero no todo está perdido, y ya empezamos a tener muy buenos referentes, porque tenemos estupendos artistas, así que ¡a seguir luchando!

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